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Todos quieren IA. Pocos saben para qué.

  • Foto del escritor: Karla Chávez
    Karla Chávez
  • 5 feb
  • 3 Min. de lectura

La urgencia por innovar y la pregunta que muchas organizaciones están evitando.


Todos quieren IA


El año pasado, en una conversación con un equipo directivo, apareció una queja que hemos escuchado más de una vez. Tenían la necesidad de innovar y, frente a esa urgencia, decidieron implementar un software “innovador” que, en la práctica, no resolvía lo que realmente necesitaban. No era un mal producto ni una mala tecnología.


El problema fue que la decisión no partió de una necesidad propia, sino de mirar hacia afuera: alguien más lo estaba usando, la competencia hablaba de ello y parecía que era lo correcto para no quedarse atrás.


No hubo una prueba previa ni una adaptación real a las necesidades de la operación. La compañía necesitaba algo muy específico: registrar hasta ocho entradas y salidas por trabajador, en distintos horarios y turnos. El software, en cambio, solo contemplaba una entrada y una salida por persona.


Nadie validó ese detalle antes de implementarlo, ni hubo una persona claramente responsable de la adopción. El resultado fue una herramienta costosa, con baja adopción y una sensación generalizada de frustración.


Este patrón no es nuevo; lo único que cambia es el nombre de la tecnología. Durante los últimos años, la Inteligencia Artificial ha estado presente en prácticamente todos los sectores y, en el mundo corporativo, se ha convertido en una prioridad estratégica. La presión por no quedarse atrás, mostrarse en la vanguardia tecnológica y compararse constantemente con la competencia ha empujado a muchas organizaciones a moverse rápido… a veces demasiado rápido.


Muchas iniciativas de IA no fracasan por la tecnología en sí, sino porque nunca se hizo la pregunta correcta desde el inicio. Y esa pregunta no es “¿qué herramienta usamos?”, sino otra mucho más incómoda.


Consternado
Cuando la urgencia gana… pero la claridad no llega.

Paso 1. ¿Realmente necesitas IA?


Respira.


Antes de hablar de inteligencia artificial, vale la pena dar un paso atrás.


La pregunta no es si la IA será importante, en la mayoría de las industrias lo será, sino si es la prioridad correcta en este momento y para este problema específico.


No todo reto es tecnológico. Muchos de los problemas que hoy se buscan resolver con IA tienen más que ver con procesos mal definidos, decisiones poco claras, responsabilidades difusas o fricciones culturales internas. Cuando esto no se reconoce, la IA se convierte en una forma sofisticada de automatizar el caos.


El primer ejercicio estratégico no es elegir una herramienta, sino entender si el reto que enfrenta la organización es de transformación digital, de rediseño de procesos, de gobernanza y toma de decisiones o, efectivamente, de IA. Saltarse este paso es uno de los errores más comunes y más costosos que vemos.


Paso 2. Si es IA, ¿para qué?


Ok, supongamos que el problema está bien definido y que la IA sí puede aportar valor.

Ahí aparece el segundo gran punto ciego: la falta de propósito claro.


Muchas iniciativas de IA arrancan con entusiasmo, pero sin responder tres preguntas básicas:


  • ¿Qué proceso o decisión de negocio queremos mejorar?

  • ¿Quién es responsable del resultado final?

  • ¿Qué métrica de impacto justifica escalar esta iniciativa?


Cuando estas respuestas no existen, la conversación se llena de indicadores de uso, demos interesantes y pilotos que funcionan, pero no transforman. La tecnología puede fallar. Una estrategia mal planteada casi siempre lo hace.


Paso 3. Implementar IA no es un proyecto, es un sistema


Otro error frecuente es tratar la implementación de IA como un proyecto aislado. En la práctica, la adopción real requiere gobernanza clara, responsables definidos, herramientas de seguimiento, capacitación aplicada y una integración real con los procesos existentes.


Sin estos elementos, los pilotos se quedan en pruebas interesantes que no escalan y el aprendizaje se diluye con el tiempo. Implementar IA no es comprar una solución. Es construir un sistema que permita sostenerla, evaluarla y ajustarla.


Meme i'm fine
Cuándo implementar IA se vuelve más importante que resolver el problema.

El error de fondo


Detrás de muchos tropiezos hay una misma raíz: usar la IA como símbolo de modernidad, no como herramienta estratégica. Cuando la tecnología se adopta para mostrar avance, pero no para resolver un problema real, el impacto es limitado y la frustración aumenta.


Seamos honestos. La IA, como cualquier otra herramienta, puede ser una palanca poderosa, pero solo cuando se integra desde la claridad del problema, del objetivo y de la ejecución. A veces, el verdadero avance no está en implementar una nueva herramienta, sino en hacer la pregunta correcta a tiempo.


En Brixton Venture Lab creemos que ese paso previo, dar un paso atrás para pensar, es donde empieza la innovación que sí transforma.


Si esta conversación ya está sobre la mesa en tu organización, ¡hablemos!



 
 
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